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TRES RECUERDOS SOBRE LEONARD COHEN Y UNA CERVEZA

TRES RECUERDOS SOBRE LEONARD COHEN Y UNA CERVEZA

Noviembre 14/The Beer Seekers/B33Rpm: Música y cerveza

UNO

En el principio era el verbo y el verbo era Leonard Cohen. Como el Dios al que se alude en el texto original, Leonard Cohen fue para mí y durante mucho tiempo, únicamente versos. Nos encontramos por primera vez él y yo en la pequeña biblioteca familiar, de forma casual. Allí, en uno de los estantes, una vieja edición asfixiada entre otros gruesos volúmenes recogía una selección de sus mejores letras. Yo no sabía quién era el autor, sólo supe en apenas un vistazo que jamás le abandonaría. Y, quizá más determinante, que jamás me abandonaría. Ahora doy más valor a este recuerdo por haberle conocido en un hogar que poco después se habría ido como él se va ahora y porque cuando le recuerdo a él, lo recuerdo todo.

DOS

Hace tiempo perdí una foto en la que se veía a una suerte de bulto informe que se inclinaba tercamente sobre una piedra y que se difuminaba tras una niebla hecha de polvo de roca. La figura, apenas humanoide, llevaba una bata de laboratorio y su rostro desparecía tras una máscara orlada por una barba indómita espolvoreada de una especie de talco blanquecino. Ese ser esperpéntico apenas ocupaba espacio en la inmensidad de un antiguo, y ahora vacío excepto por un montón de bloques pétreos, invernadero. Por la bóveda de cristales rotos y entre mecanismos herrumbrosos se filtraban algunos copos de la nieve que caía. No aparecía en la foto, pero yo sé que bajo la diminuta mesa de trabajo había una resistencia incandescente que evitaba que los pies se congelaran. Por aquel entonces me dedicaba a restaurar piezas paleontológicas para el MUJA y aquellas eran las instalaciones. En aquella época estábamos inmersos en la guerra de Irak, decidida por el trío de Las Azores. Las manifestaciones estaban a la orden del día en Oviedo, donde trabajaba, pero el tiempo era escaso y el MUJA, un proyecto importante para el desarrollo local y regional, abriría en breve. Con mala conciencia trabajaba exhumando fósiles mientras el ruido del percutor se mezclaba con el de los gritos de las protestas en la calle y yo me debatía entre esos dos deberes, el moral y el profesional. Al final decidí convertir ese espacio en una manifestación en sí mismo. Así pues, colgué varios carteles con versos de canciones de Leonard Cohen alrededor de la valla que delimitaba el antiguo invernadero y sujeté en ella varias bolsas de basura negras en señal de protesta y duelo. Finalmente me hicieron arriar esas banderas. Finalmente acudí a las manifestaciones.

TRES

Mucho después, en otra vida, al fin presencié uno de sus conciertos. Fue en Madrid y aunque disfruté en éxtasis la experiencia, un punto amargo se mantuvo punzante en el estómago durante toda la actuación, por varios motivos. Porque sabía que sería el primero y último, por la evocación de esas otras vidas anteriores, extintas como aquellos fósiles que rescaté, y porque aquella gira no se hubiera producido si su manager no hubiera expoliado su fortuna. No pude evitar sentirme culpable por acudir al concierto, como si al hacerlo me estuviera aprovechando vilmente de aquel anciano que, a sus más de 70 años, se veía obligado a abandonar su retiro para recorrer mundo recaudando fondos. Fue tan maravilloso sentir su proximidad que pese a todo ello volvería hacerlo.

Hay muchos más recuerdos, algunos quizá mejores, que asocio a esta figura que ya fue leyenda mientras nos vivía y le vivíamos, pero el decoro, la prudencia y cierto egoísmo hacen que los guarde para mí mismo, para cuando le escuche de nuevo y su voz me transporte a esas mis otras vidas en las que él siempre me acompaña.

UNA CERVEZA PARA LEONARD COHEN

Brindaré y seguramente me acomodaré en una confortable melancolía por Leonard Cohen con una ¨Burton Baton¨ de Dogfish. Esta cerveza proviene de combinar dos estilos procedentes de diferentes fermentaciones. Por una parte, una English-style old ale y por otra una imperial IPA. Leonard Cohen tiene también un poco de esas dos cosas, una mezcla de aire o de sensibilidades europeas y americanas (de la américa canadiense, pero también de la estadounidense) a partes iguales, de manera que, tanto en uno como otro lado, la faceta foránea le dotaba de cierto aire exótico, refrescante a pesar de la profundidad de sus letras y sus notas. La Burton Baton posee ese mismo carácter sobrio pero intenso, seco y dulce a partes iguales, esa capacidad de dotar a los sentidos de la misma amplitud de notas y de cuerpo que las canciones de Leonard Cohen a cualquier espacio donde resuenen.



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